TRÁMITE. La trinchera artística de los renegados

Trámite. Convocatoria de los ‘Malos Artistas’. Un espacio de diálogo para todas esas voces y discursos opacados por una élite centralizada.

Por Diego Cera

De las primeras cosas que uno ve al llegar a Guanajuato es un aviso espectacular que invita a los viajeros a “salvar las dos vidas”. Más adelante, en la entrada de Silao, sólo hay que voltear a la derecha para toparse con una cúpula azul que desentona con el conjunto habitacional que la rodea. Es la Torre de la Fe, el imponente templo de la Iglesia de la Luz del Mundo; y a su alrededor, una villa de creyentes que hasta hace un par de meses lo habrían dado todo por su líder.

Con estas primeras impresiones cualquiera pensaría que el Bajío es una región donde se respira conservadurismo, pero sería sólo el prejuicio de alguien que llega del centro a tierras ignotas para su percepción. Como ocurre con cualquier movimiento que se jacte de ser transgresor, hay que explorar las calles y husmear en los callejones de una ciudad para encontrar sus voces más frescas y atrevidas.

Hay curiosidad, pero la recepción de las personas locales es inmadura.
Claudio Saúl

Trámite, un circuito descentralizador

El artista Claudio Saúl dice que «el Bajío siempre ha sido un terreno árido para los ejercicios creativos. Por eso es necesario hablar desde este lado, para darle voz a nuestros artistas y que sean escuchados en otros circuitos del arte mexicano». Y justo para eso está Trámite. La feria de arte que desde hace cuatro años cumple con la importantísima misión de descentralizar el arte y darle voz a todos esos renegados —y relegados— que no cayeron en los (a veces exagerados) parámetros de la escena artística metropolitana.

Bajo la mirada de este artista de performance con base en Guanajuato, las vetas artísticas del Bajío son siempre opacadas por la expresión hegemónica de creadores y críticos del centro que no son otra cosa que, como decía Martí, vanidosos aldeanos que creen que el mundo entero es su isla.

A menudo, las ferias de arte moderno realizadas en las —despectivamente— llamadas provincias, son vistas como un reflejo de lo que ocurre en el centro; aunque no siempre hay mérito en esa sentencia. ¿Será acaso que los capitalinos descubrimos los letreros de luz neón? Y de ser así, ¿cómo se habrán iluminado los bares de las noches de bohemia tapatía antes de las bienales de 2019?

No es un secreto que cuando algo entra en el mainstream de los espacios masivos, es porque su transgresión ya es algo gastado. Se vuelve parte del establishment para que la élites pretenciosas calmen su sed de “novedad” y se sientan como algo parecido a seres iluminados que escapan —al menos intelectualmente— del colectivo urbano. En ese momento su desautomatización ya no importa; lo que realmente les da validez como algo meramente artístico es dónde están colgadas o instaladas.

Pero claro, para que las culturas dominantes quieran apropiarse de una expresión, ésta tiene que nacer necesariamente en la marginalidad que ofrecen las periferias. O, por qué no, las provincias; donde incluso materiales tan “trillados” como el barro o la cerámica se convierten en piezas alejadas de las repetitivas vasijas y jarrones que parecieran añorar los tiempos de las últimas dinastías chinas.

TRÁMITE Convocatoria de Malos Artistas claudio saúl
Foto: Claudio Saúl

Hay agentes que te hacen suponer que los materiales ya no pueden dar otras expresiones y que con ellos ya está todo dicho. Pero la experimentación y la práctica siempre derrumban ese pensamiento.
— Claudio Saúl

Los Refugios para el Bajío

Sabiendo que en el subterráneo cultural del Bajío existen este tipo de voces inquietas, las preguntas obvias son dónde están sus trincheras, cuáles son los espacios donde estos renegados exponen su arte y, más importante aún, quién es su público.

Es complicado para los locales digerir productos hechos por personas acostumbradas a la academia y a la institución.
— Claudio Saúl

De acuerdo con artistas y galeristas, como los hermanos Juan Carlos y Juan Andrés Zermeño de la galería Dos Topos, «el principal obstáculo para el arte contemporáneo en León es la apatía de la gente que está más interesada en el futbol y los coches». Pero aún así, hay apertura. Y con un evento como Trámite «ya se ve más apertura y las personas asisten e incluso compran obra de los expositores».

Con esto podemos decir que ya se ven los primeros indicios de una comunidad de coleccionistas que consumen lo local y, más importante aún, que el Bajío se está abriendo a algo más que ese esnobismo anual que se respira en tiempos cervantinos. Porque claro, no podemos negar la importancia cultural de un festival internacional. Pero cuando se trata de los creadores de casa, prefieren relegarlos a premios estatales o municipales, cuya gloria —si es que le podemos llamar así— dura apenas un par de meses. Y después a empezar de nuevo.

Guanajuato abarca ejercicios nuevos en el Cervantino, pero a menudo deja de lado la producción joven y local.
— Claudio Saúl

De ahí la importancia de los Refugios en Trámite, los cuales se presentan como una guarida íntima que se abre repentina y gentilmente a los visitantes, para que tanto creadores como galeristas expongan no su obra, sino su muy personal esencia transgresora. Todas son obras hechas para esta ocasión, así que sobra decir que uno, en su papel de espectador nunca había visto algo igual. Entrar ahí es un descanso estético que se agradece bastante.

El Refugio es literalmente un refugio a todos los discursos pesados y trillados de todas las galerías; incluso es un lugar para escapar de estos tiempos donde todo, incluso el arte, habla del covid.
— Juan Carlos Zermeño

Aquí caben todas las voces… todas

Pocas cosas en Trámite abarcan todo lo anterior como su convocatoria de ‘Malos Artistas’, un espacio que abre las puertas a los renegados. A esos creadores que fueron rechazados en las trincheras metropolitanas y, quizá, se vieron como eso: malos artistas. Pero, vamos, de ellos también es la voz de las periferias y sería injusto dejarlos a un lado.

TRÁMITE Convocatoria de Malos Artistas obras
Foto: Anuar Maaud

Algo que hay que aprender de estos espacios de descentralización es que vale la pena la apertura a nuevos discursos; rascar en las entrañas del conservadurismo a fin de encontrar bajo su espesa piel la hermosa rebeldía que mueve a los nuevos discursos. Esos que hablan de una colectividad, si no reprimida, acallada por las voces de la élite.

Estamos a tiempo de construir puentes. De compartir y encontrar la manera de levantar trincheras que permitan un diálogo pluridireccional, que nos aleje del gastado modelo que va de adentro hacia fuera. Del centro a los estados.

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