Profesores en el cine: de Yoda a Whiplash, pasando por Hannibal Lecter

Por Carlos Humberto Mendoza Muñoz / @manchate

Los profesores se separan en pocas categorías: Les bully que buscarán extraer todo tu
potencial al destrozarte mentalmente; los motivadores que tienen el espíritu de ‘coach’ y ‘vibran alto’; los que tienen ese toque paternal y sólo quieren lo mejor para ti, aunque no tengas mucho que dar; los que saben que tienes potencial, aunque tú no lo sepas; y los casi santos que tienen en su ADN a la docencia.

En el cine los mentores son fundamentales para que los protagonistas se transformen. Aquí les dejo mi listado de profesores favoritos de la pantalla grande o chica en streaming.

Yoda

Frank Oz, Star Wars Episode IV: The Empire Strikes Back, 1980

Las artes marciales nos dan para hablar de maestros y ‘senseis’. Sin duda Yoda, ese
maestro jedi jubilado, de 66 cm de altura, 17 kg y que vivió sus últimos años escondido en Dagobah, nos da para ver lo que es ser un buen profesor que friega al educando, lo ‘trollea’ y le pone retos complicados, todo esto para después ver cómo Luke Skywalker se vuelve en el caballero jedi que la galaxia esperaba. La escena del entrenamiento cuando Luke lo trae a cuestas es un ejemplo de docencia en excelencia que debería replicarse por la secretaría de educación.

John Keating

Robin Williams, Dead Poets Society, 1989

Al grito de «¡Oh, capitán, mi capitán!», este personaje se volvió en el ejemplo para padres y maestros de toda una generación. Oh, desgracia, el profesor que quería ser ‘buenaondita’ y acercarse a sus estudiantes para que rompieran las reglas. Ya leerán más adelante lo que opino de estos mentores manga ancha. Sin duda se ganan el cariño de sus estudiantes, pero no sabemos si los miembros de la nueva sociedad de los poetas muertos hicieron algo de provecho. Seguramente eran niños ricos y se estresaron cuando un jefe los regañó por enésima ocasión.

Mark Thackeray

Sidney Poitier, To sir, with love, 1967

Esta era una de las películas favoritas de mi padre que en su juventud fue un chico rebelde. Al parecer le impactó la historia inglesa del ingeniero de raza negra desempleado que encuentra trabajo como docente en un barrio conflictivo y con ‘cariño y comprensión’ logra cambiar a los chicos. Comprendo a mi padre que venía de tiempos en que la letra entraba con sangre y de seguro se identificaba con los estudiantes problemáticos. Aunque sentimentaloide, la cinta mostró un camino para tantas otras historias de docentes y chicos problema.

Señor Miyagi

Pat Morita, Karate Kid, 1984

Aún recuerdo cuando vi esta cinta en los cines Gemelos Mixcoac, hoy ahí hay una tienda de artículos de oficina. Este es el mentor viejo, sabio que se vuelve en padre del joven carente de figura paterna sólida. Podríamos decir que es un poco un Yoda de la vida real, al ponerlo a encerar sus viejos autos y a pintar su cerca. Al fin y al cabo, esas tareas sin sentido tuvieron una recompensa sobre el tatami. Ya está muy cacareado el tema de Daniel Larusso que es el villano real de esta cinta, pero nadie habla del Miyagi San que, siendo un experimentado karateca, se surte a unos puertos que molestaban a su chamaco.

Hannibal Lecter

Anthony Hopkins, The Silence of the Lambs, 1991

Esta cinta cumple treinta años y no muchos ven al asesino serial y psicópata de Lecter como un digno mentor y figura paterna para la novata agente del FBI Clarice Starling. Él guía a la investigadora a capturar a un asesino serial y, a la vez, le ayuda a curar problemas psicológicos de su vida. Sans doute, en el mundo también tenemos psicópatas que adoptan estudiantes y los hacen alcanzar todo su potencial. Brindemos con un chianti por el doctor.

Obi-Wan Kenobi

Ewan McGregor, Star Wars Episode II: The Attack of the Clones, 1999

Aunque quisiera colocar a Sir Alec Guinness en esta lista, en el episodio cuatro Obi-Wan es un viejito que sólo sube a una nave al héroe para después ‘suidicarse’ contra Darth Vader. En la segunda trilogía, de dudosa memorabilidad, Obi-Wan pasa de ser educando a ser tutor de un descarriado Anakin, para que al final del episodio III, este quede en carácter de almohadilla de beisbol a manos de su maestro. Lo cual da pie para que el joven se convierta en Darth Vader. Aquí un gran ejemplo de un profesor que hace lo mejor posible y termina por desmembrar a su ‘padawan’ para después ser asesinado por este. Pero en el final, final, final, se reúnen en el más allá y viven luminosamente azules y felices para siempre. Lo quiso como a un hijo, pero Kenobi no era un santo. Pragmatismo, señores.

Pai Mei

Gordon Liu, Kill Bill Vol. 2, 2004

Con alrededor de 1,000 años de experiencia en el ramo de la enseñanza del kung fu, au moins 100 más que Yoda, este profesor tiene una historia curiosa, ya que al parecer forjó a dos de los asesinos más mortíferos del mundo: Bill y una tal Beatrix Kiddo. Nada mal. De disciplina estricta y nada cariñoso, como creo que deben ser los preparadores de nuevas generaciones de asesinos… e ingenieros, abogados, periodistas y un largo etcétera. Pero al mejor cazador se le va la liebre, y aunque en sus métodos disciplinarios estaba el sacarle los ojos a los que no daban el cien, murió envenenado por una estudiante que no trabajó bien los desapegos, la frustración y el rencor.

Terence Fletcher

J.K. Simmons, Whiplash, 2014

Y de la mejor película de la década pasada llega este profesor digno de celebrarse. Un enfermito del jazz y celoso del tempo, que provoca que sus estudiantes suden, lloren y sangren; todo en pos de alcanzar la excelencia. Él sabía que Miles podía alcanzar cosas grandes en la batería y por eso actuó así, eso es lo que yo digo; otros dicen que es un enfermo. Seguramente lo es, pero también el estudiante que desarrolló esta relación codependiente con la batería y su profesor. Sin duda pienso que todos necesitamos a veces un Fletcher que nos haga llorar para alcanzar ese límite que no conocíamos.

Tal vez algún día termine en terapia para hablar de mis maestros: ese jefe bully laboral; ese coach que me hizo sudar en exceso e intentar lograr mi límite, para aún así calentar la banca 8 de 10 partidos; la profesora que en la universidad —con todo cariño y bondad— me enseñó el método científico y mucho de semiótica; el otro profesor bully/cool que me hizo amar el periodismo y la escritura; o mi padre, que me enseñó a leer a los tres años. Un poco de Yoda, Obi-Wan, Terence Fletcher, Pai Mei, Miyagi y los señores Thackeray y Keating. Por fortuna, nunca tuve un Lecter, ¿o sí?

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