Día Internacional de ‘Le Pego a la Pared’. Pensando la masculinidad y al hombre

¿Día Internacional del Hombre? Actitudes machistas que debes reflexionar si eres «muy hombre» y le pegas a la pared cuando te enojas.

Primero que nada, buen día. Porque el 19 de noviembre no es uno cualquiera; es el Día Internacional del Hombre y debemos prestar mucha atención, porque en ninguno otro del año podemos tener tanto protagonismo (ironía, para quienes no alcancen a leerla). Segundo, pensemos de qué va realmente este día y si le estamos dando el enfoque que deberíamos. ¿Acaso será por salud? ¿Violencia? ¿Derechos sexuales, laborales o humanos? Pensemos, porque seguro allí hay algo que se nos escapa.

Y tercero, dicen que los hombres aliados al feminismo o a las diversidades no existimos. Y tal vez sea verdad. Porque nuestra cultura y conformación como hombres –como grupo de ellos– nos preceden y no se pueden quebrar tan «de la noche a la mañana». Sin embargo, podemos ocupar este día para reflexionar sobre nuestra masculinidad; si no como parte de un propósito feminista o abierto a las diversidades de género, sí para dejar de ser tan perjudiciales con el mundo entero y nosotros mismos. Por lo menos.

Pero antes de pasar a esa retahíla de actitudes, prácticas y creencias que sólo nos trajeron a un machismo que terminó por jodernos a todos, hagamos una pausa para pensar por qué este día.

Hombre
Foto: Lachlan Dempsey

Un poco de historia

Fue apenas en 1999 cuando el Día del Hombre tomó importancia a nivel global. Cuando las organizaciones internacionales empezaron a promoverlo. Pero es desde 1992 que lo tenemos instaurado, como una suerte de esfuerzo por «promover mayor equilibrio entre los sexos» e impulsar modelos masculinos positivos (hombres de la vida real y no sólo celebridades), sus contribuciones positivas (a la familia, al medio ambiente, etcétera), y salud y bienestar de los varones.

No. No se hizo para contrarrestar al Día Internacional de la Mujer. No porque exista ése debe haber uno «para nosotros». Eso es tan absurdo como seguir proponiendo que exista un día para los heterosexuales, los cisgénero, las comunidades blancas y demás similares. El Día Internacional del Hombre está planeado para reflexionar sobre el ser-hombre y hacerlo con todas las responsabilidades que eso conlleva.

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Foto: Hannah Busing

Toxicidades

Ahora sí. Habiendo dicho todo lo anterior, podemos hacer una breve –aunque no definitiva– lista de actitudes que muchos hombres tomamos y que sólo dejan ver cuán conservador, tóxico y frágil hemos hecho nuestro género. Algo que lastima a los demás, a nosotros mismos y prácticamente al planeta.

Nota: muchos de estos comportamientos se relacionan directamente con cómo fuimos criados y la idea que nos fue inculcada de la masculinidad. Pero eso no nos libera de la obligación y digna responsabilidad de cambiar el panorama. Las masculinidades son más complejas que esto y tenemos la oportunidad de modificarlo.

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Foto: Brooke Cagle

No usas nada que sea rosa o floreado

Porque se deben de ir al caño tus gustos o curiosidades en ropa, objetos o cualquier cosa que no sea «masculinamente» azul, negro o gris… Ya sabes. Medio muerto.

Presumes que «haces cosas» en tu casa

¿Y en tributo te matamos un pollo? ¿Te levantamos una escultura? Todos los hombres somos –o deberíamos ser– personas funcionales. No por nadie. Por nosotros. Simplemente para hacernos cargo de nuestra vida.

Pensamos que una mujer no debe disfrutar su sexualidad

Porque si lo hace, inmediatamente es «fácil» y no «sirve» de novia, esposa, madre y demás. Aceptémoslo: una mujer puede ejercer y explorar su sexualidad como ella quiera. Y eso incluye el deseo de intentar cosas nuevas, con cuantas personas prefiera; aunque eso no te involucre.

Rindes honores a los «soldados caídos»

La llamada friend-zone no es más que un pretexto para seguir cuestionando ¡¿por qué alguien no querría tener una relación o sexo con nosotros!?… Pues porque puede pasar, básicamente. Y muchas veces es porque los hombres sólo queremos que las mujeres caigan en la wife-zone o en la sex-zone.

Haces chistes machistas (o te ríes de ellos)

Desde «Corres como niña», cuando somos pequeños, hasta «Pareces puto» ya de grandes, la mayoría de nuestras bromas «pesadas» tienen que ver con no ser HOMBRES. Porque no habría peor situación que dejar de serlo, obvio (ironía de nuevo, amigos). Y entonces, ese peligro, pues que mejor se convierta en una advertencia llena de risas jocosas, ¡claro que sí! #NOT

No muestras cariño a otros hombres

Ni a los de tu familia ni a ningún otro. Simplemente porque eso es HO-MO-SE-XUAL. Lo cual te impide conocer a otros congéneres y fortalecer sus relaciones, que pueden ser de cualquier índole. Ni hablar sobre la importancia que esto tiene para nuestro crecimiento erótico y educación sexual toda la vida; incluidos todos esos momentos en los vestidores, las duchas, las masturbaciones colectivas, etcétera. El día que lleguemos a eso, alguien no va a dormir. O tendrá el puño cerrado todo el día.

Te enojas y golpeas cosas

Porque no hay mejor manera de demostrar nuestra ira que rompiendo objetos, pegándole a la pared o golpeando la mesa. Lejos parece estar el día en que transformemos un enojo en diálogo y aceptación de nuestras emociones.

No vas a terapia ni por equivocación

Nos han dicho –y hemos perpetuado la idea– que ir al psicólogo es para «los locos». Y no. Es algo que las personas hacen para responsabilizarse de sus afectos, pensamientos y acciones. Piénsalo. Si nuestros padres (hombres) lo hubieran hecho, nuestros miedos y fortalezas hoy serían diferentes. O quizás no nos hubieran dejado… #Ouch

Llorar no está entre tus posibilidades

Si demostrar con claridad nuestros sentimientos es difícil, mucho más cuando estos se relacionan con «lo femenino». Pero también deberías de darle una oportunidad. Puede ser liberador y ahorrarte mucho en el día a día.

Jamás programas una cita médica

Por «valentía», vergüenza o «porque a ti no te va a pasar», ir al médico no se encuentra entre tus prioridades. Eso escapa de tus índices de fuerza u hombría. A tal grado, que te burlas de aquellos que lo hacen y no aguantas la risa cada que alguien menciona el cáncer de mama masculino o una visita al proctólogo.

Te cuesta trabajo la inclusión (de niñas, mujeres, gays, personas trans, etc…)

En tus actividades diarias, en tu casa, entre tus amigos, en el trabajo, en las redes sociales y hasta en el habla. Pensar que la lengua se transforma y que «las cosas son así por alguna razón» nos ha llevado a la imposibilidad de encontrar palabras que, incluyendo a todas las personas, no nos tengan a los hombres como únicos protagonistas. Que de verdad logren hacer sentir a cada persona parte de la conversación. ¿Lenguaje incluyente? Nos duele. En este mismo texto ni siquiera lo hemos utilizado porque, de haberlo hecho –con todo y el permiso de la RAE–, quizás no habrías llegado hasta esta línea. Pero teniendo esto en mente y siendo hora de despedirnos, bajo el visto bueno de la Real: ¡Hasta la vista, elle! Pensémosle otro ratito.

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