Crisis de mediana ¿qué?… Mitos y falsas reglas sobre ser un hombre de 40

«El Barbón» Checo Hernández nos habla sobre ser un hombre de 40 y todo lo que eso conlleva. Para bien, para mal y para romper los prejuicios.

Hace algún tiempo se hablaba todavía de chavorrucos. De hombres que no sabían envejecer ni asumir su edad. Y todo era risas y buenos ratos hasta que, poco a poco y en medio de un no-tan-lejano pasado que hoy nos da comezón –lleno de machismos y conservadurismos–, llegamos a otra gran pregunta para romper con el ayer. ¿Cómo debería «madurar» entonces una persona? ¿A qué nos referíamos con que un hombre actuara de acuerdo con su edad? Cualquier respuesta se antojaba incómoda y lejos de lo que en verdad deseábamos como seres humanos. Como individuos. Y más bien, parecían ideas propias de cualquier juicio dominguero que pueden tener aún hoy nuestros padres o abuelos en una áspera reunión familiar.

Y entonces, la verdadera cuestión ya no fue quién calificaba como chavorruco, sino por qué tendríamos que seguir catalogando a un hombre así. ¿Existía realmente el chavorruco o era algo que inventamos a partir de nuestros prejuicios, miedos e intolerancias? Paulatinamente, los millennials en compañía de uno que otro gen-x fuimos desestimando ese viejo canon de que, al «hacerte hombre», todo debía convertirse en seriedad, bienes, dinero y trajes color gris.

El Barbón

En ese camino aún inconcluso, –porque todavía hay quienes esperan que los hombres nos configuremos en lo serio y taciturno–, fue que un día conocí al Barbón. Sergio Hernández, como realmente se llama. Un hombre que por años se dedicó al marketing corporativo y que, después de preguntarse arduamente si lo que estaba haciendo con su vida lo llevaría a la felicidad y la realización, terminó renunciado a todo por perseguir sus sueños. Fue así como inició una plataforma llamada Tómala Barbón –perfecta expresión que incluye la semántica vintage de México y el actual culto a las barbas– y emprendió su objetivo de transmitir un «nuevo» estilo de vida entre los hombres de su generación.

En su trayectoria como El Barbón ha habido de todo. Una línea de ropa, conferencias, colaboraciones en medios, programas de radio, vida digital, los Diarios de Barbería, el Viaje del Barbón –road trip digital– y, según me cuenta, un libro del que todavía no podemos hablar tanto.

Todo para «vivir como barbón». Una expresión muy suya y que, según él, no necesitas tener barba para lograr dicho cometido. Es una cuestión de actitud.

Sobre los 40 y tantos

Platicando con Checo, le pregunto sobre aquello que hace diferente a un hombre de 40 hoy y uno de antes. Me responde que «más allá de haber encontrado un lugar, estilo e identidad llenas de su propia madurez (y ganas de vivir en plenitud)», los cuarentones han hecho de su edad una forma de ver la vida. Es decir, lo han convertido en su principal atractivo, lo han revalorizado. Hoy, tener años, canas y millas de vuelo es un gran activo.

El Barbón cree que esto se dirige, pensando también en las nuevas generaciones, a una auténtica búsqueda de la felicidad como forma de vida. No necesariamente a una crisis de mediana edad ni nada por eso que hemos inventando para «justificar» que un hombre «no madure».

Entonces, qué tanto ha cambiado el “guión” o “formulario” de éxitos para un hombre de 40 y tantos, pregunto. «Partamos de que el éxito ya no es acumular cosas ni medir tu vida en cuanto tienes –contesta–; hoy, las experiencias y cómo vives lo que tienes es el principal cambio. Hemos dejado de lado ese guión aburrido y perfecto, para buscar lo que nos hace felices y cuál es nuestro propósito en esta vida».

Antes era cuanto tienes, cuanto vales
Hoy es: ¿eres feliz con lo que haces?

Charlando sobre las distintas maneras que existían y existen de estimar nuestras vidas, El Barbón explica cómo uno de los estándares más dañinos contra los que debe luchar un hombre de 40, hoy –y quizá mañana, si nos descuidamos– , es llegar a esa edad sin una vida resuelta económica y emocionalmente.

Añade: «Los cuarentones nos enfrentamos al síndrome de Superman, porque siempre debemos tener la solución para todo. Salvar a todos y solucionar todos los problemas. Esta exigencia nos lleva al mundo de ‘Lo que yo siento esta en segundo plano’ y nunca te puedes mostrar vulnerable o en duda»

Lo cual nos dirige a su decisión de renunciar a “cierto esquema de vida”, con tal de seguir sus verdaderos sueños y anhelos, no los que le impusieron (a él o a muchos de nosotros). Un acto que, según sus palabras, no es para todos, puesto que se necesita de locura, valentía y una gran confianza en sí mismo.

Eso y un cuestionamiento definitorio para El Barbón: ¿quieres seguir dedicando horas al sueño de alguien más o al tuyo?

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